La agricultura encuentra dificultades para aplicar sistemas biológicos antiplaga

La complejidad del registro y de la implementación práctica, la falta de eficacia de algún sistema y la falta de información, algunos de los hándicaps de este ámbito

Las dificultades con el registro, la implementación práctica y la falta de eficacia de algún producto son los principales problemas que se encuentran hoy en día los agricultores a la hora de aplicar los nuevos sistemas biológicos antiplaga (mediante feromonas que provocan la captura masiva, confusión sexual, etc.), según ha explicado Jordi Giné, jefe del Servicio de Sanidad Vegetal del Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, en el transcurso XII Jornada de Sanidad Vegetal celebrada hoy en Lleida. El encuentro, celebrado en el marco de la Feria de San Miguel-Eurofruit, ha sido organizada por el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat de Cataluña.

Giné explicó que la implementación de las nuevas estrategias biológicas antiplaga es actualmente compleja porque tiene muchos condicionantes y requiere asesoramiento personal experto, y que además algunos de los sistemas que están actualmente en el mercado “quizás no se han probado suficientemente o no funcionan igual en todas las zonas y con todas las plagas “. Por otra parte, el representante Servicio de Sanidad Vegetal defiende la aplicación integral de estos sistemas, “como por ejemplo se ha hecho en el Delta del Ebro con el arroz o en Girona con la manzana”, ya que su aplicación parcial “crea fincas-refugio donde la plaga sobrevive”.

Giné ha abogado por agilizar los registros europeo y estatal de estos productos, “cuya complejidad provoca que, muchas veces, cuando finalmente se aprueba uno, ya ha salido uno otros más eficaz” y aboga también porque entidades e instituciones del ámbito, como el IRTA o las universidades, se impliquen aún más en la experimentación de nuevos sistemas biológicos para luchar contra las plagas.

Lidia Sans, presidenta de la Agrupación de Técnicos de ADV de Lleida (ATALL), explicó que, en la demarcación de Lleida, en el ámbito de los frutales, se ha hecho un esfuerzo para aplicar nuevas estrategias en la gestión integrada del control de plagas y hongos, aunque todavía hay ciertos problemas con especies como ciertos tipos de pulgones, la carpocapsa o ciertas plagas secundarias.

Sans considera también que las técnicas de confusión sexual son en general efectivas, pero que muchos productores -sobre todo los pequeños-son aún reticentes a aplicarlas, por su coste y por la complejidad en la aplicación. Esta reticencia, sin embargo, es más evidente en fruta como la manzana, ya que “los productores de fruta de hueso cada están más satisfechos de los resultados de métodos como la confusión sexual”. También ha explicado que en el olivo todavía hay poca incidencia de los métodos alternativos. La presidenta de la ATALL aboga por una aplicación integral de estos métodos: “es importante tener una visión conjunta del tema, si un agricultor los aplica, y el de la finca de al lado no, la plaga es difícilmente controlable”.

Respecto a las plagas que amenazan con llegar a Lleida, Sans citó la cochinilla, la avispilla (en el ámbito del almendro) o la drosophila (en el ámbito de la cereza), entre otros, y ha advertido que hay que extremar el control porque “ahora mismo no tenemos buenos sistemas de control contra estas especies”. La técnica concluye que, si bien se ha avanzado en la aplicación de estrategias alternativas antiplaga, ahora mismo falta información sobre los nuevos productos biológicos que hay en el mercado, muchos de los cuales además han sido poco ensayados en la zona de Lleida y que su aplicación, finalmente, es a menudo compleja.

Marisé Borja, representante de International Biocontrol Manufacturers Association (IBMA), se quejó de que la normativa europea referente a los biopesticidas es demasiado exigente y compleja, y que además es la misma que la de los pesticidas químicos. “Hablamos de una reglamentación que es más exigente que la de los EE.UU., ya que además de demostrar que son productos seguros deben probar también que son efectivos”. Según Borja, los plazos para aprobar ciertos productos biológicos “son tan largos, que acabamos reduciendo los alicientes para fabricarlos” y además la normativa exige a veces demostrar la inocuidad de organismos que se encuentran en la naturaleza que nos rodea, “lo que es ilógica”

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