Fertirrigación en frutales: la importancia del Calcio

La nutrición por medio del riego (fertirrigación) conlleva una alta exigencia en lo que al abonado se refiere. Una mínima manipulación en el lugar de consumo y una alta precisión en los aportes, son necesarios para reducir el mantenimiento de los sistemas de riego y aumentar la eficiencia de los fertilizantes. El contenido de Nitrógeno en forma nítrica –inmediatamente disponible para la planta- y el alto contenido en Calcio son clave para la obtención de una mayor producción y una mayor vida útil de los frutos.

 

El calcio, junto con el nitrógeno y potasio, es el macronutriente más importante en frutales de hueso y pepita.  Este nutriente es absorbido a través de los ápices de las raíces en forma iónica, y su absorción depende de factores exógenos (contenido de agua, pH, grado de aireación, temperatura…) y endógenos (pared celular, respiración, fotosíntesis, transpiración…).

El calcio es transportado a las hojas y a los frutos en desarrollo a través de la corriente de la transpiración, vía xilema.  El transporte de calcio a las hojas parece estar más relacionado con la tasa de crecimiento de las raíces que con la de los brotes (Scaife y Clarkson, 1978). Durante el desarrollo foliar y de los brotes, la concentración de calcio aumenta; por ello, son necesarias grandes cantidades de calcio dentro de la planta para garantizar un crecimiento saludable.

Cuando el fruto alcanza unos 50 g, más del 50 % de la cantidad total de calcio que tendrá finalmente ya se encuentra en el mismo. Por lo tanto, es fundamental que los aportes de calcio aplicado vía suelo se hagan antes de esta etapa; la aplicación al suelo de nitrato de calcio en primavera aumenta el rendimiento del cultivo y al mismo tiempo suministra calcio al fruto mejorando la firmeza del mismo. A partir de esta fase, deberán emplearse pulverizaciones al fruto hasta la recolección (principalmente en frutales de pepita) para completar los niveles de calcio (cuanto mayor es el número de aplicaciones, mejor es el resultado).

El aporte de calcio aumenta la producción, el tamaño y peso del fruto, la firmeza, la coloración y la acidez (vitamina C). También incrementa los contenidos de TSS y de azúcares, el sabor y la jugosidad, mientras que a su vez reduce la “mancha amarga”, la podredumbre interna  de los frutos y el reverdecimiento, mejora la resistencia a Botrytis cinérea y minimiza el picado del fruto.

Marschner (1995) describe que cualquier aumento de concentración de calcio, por pequeño que sea, ayuda a prevenir o a disminuir drásticamente las pérdidas económicas que ocasionan las enfermedades asociadas con el almacenamiento,  como la podredumbre causada por Gloesporium. Por otra parte, Fallahi et al. (1997) afirma que concentraciones altas de calcio en frutos aumentan su longevidad postcosecha, ralentizando la senescencia y suprimiendo la descomposición que producen determinados microorganismos patógenos. Atendiendo a estas premisas, es importante mantener los niveles por encima de 5 mg/100 g de peso fresco en la época de la cosecha para minimizar los problemas de calidad en el almacenaje.

 

 


Información facilitada por la empresa expositora.

 

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