La sobrefertilización es poco sostenible, supone un sobrecoste económico y perjudica la calidad del producto

La jornada celebrada en la Feria de Sant Miquel aboga por optimizar la fertilización desde el punto de vista agronómico, económico y medioambiental

 

“La gestión de la fertilización de los cultivos intensivos es básica en la sostenibilidad, ya que representa una disminución notable del impacto ambiental, preserva los recursos mineros y ahorra costes por parte del agricultor”. Así se ha expresado Pedro Villar, responsable de fertilización y nutrición vegetal en el laboratorio ILERSAP, en el transcurso de la jornada “La agricultura y la ganadería intensivas son sostenibles con una buena gestión. Casos prácticos”, celebrada en el marco de la Feria Agraria de Sant Miquel-Eurofruit.

Villar cree que hoy día los principales problemas en la fertilización de los cultivos son que “está poco tecnificada y además está en manos de los fabricantes y distribuidores de fertilizantes, que marcan las pautas sobre los momentos y dosis de aplicación”. Esta situación “conlleva una sobrefertilización que no es buena para el medio ambiente, supone un sobrecoste para el agricultor y perjudica la calidad final del producto, ya que favorece muchas enfermedades de la planta asociadas al exceso de nutrición”. El descenso de la calidad de los productos se traduce en la pérdida de la producción que llega al mercado, ya que afecta a la capacidad de conservación, con lo cual se pierde mucha fruta durante la manipulación y la comercialización. La sesión está organizada por el Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Cataluña.

Por su lado, Joan Esteve, director técnico de la División Agrícola del Grupo Codorniu, ha explicado que la empresa vinícola ha desarrollado dos experiencias enfocadas a lograr una producción sostenible. En primer lugar, la utilización de técnicas ecológicas –en este caso de confusión sexual– para controlar una de las principales plagas de la vid, la polilla del racimo (Lobesia botrana) como alternativa a las técnicas tradicionales (pesticidas químicos). Esta técnica ha permitido que el 85% de los vinos de la marca catalana estén libres de insecticidas y el 70% estén exentos de productos antibotritis, que tienen un impacto ambiental importante.

Por otra parte, Esteve ha explicado que el uso de la agricultura de precisión vinculada a la monitorización y teledetección “ha permitido una importante racionalización del riego (con ahorros de hasta el 7% de consumo de agua) y otros tratamientos sobre los cultivos (con una reducción de hasta el 15% en fitosanitarios), ya que sólo se actúa en los espacios de la parcela donde es necesario y en el momento en que es necesario”. Este proceso se ha traducido en un importante ahorro económico y en el uso de productos agresivos con el medio ambiente.

Esteve añade que Codorniu ha creado incluso Agropixel, un spin-off de la firma de vinos y cavas configurada como empresa de servicios dedicada a la mejora productiva, la optimización de inputs, la planificación de la producción y de la calidad en el sector de la agricultura siguiendo criterios de rentabilidad económica y de sostenibilidad medioambiental.

Finalmente, Lluís Xanxo, director de producción agrícola Granja San José, ha defendido el incremento de la sostenibilidad de la producción agraria intensiva, en este caso en una explotación lechera, mediante un autoconsumo forrajero. “Se trata de vender y consumir toda la producción agraria dentro de la empresa, sin que queden excedentes para vender ni que haya que comprar externos, para así tener todo el control sobre las materias primas a nivel cualitativo y evitar micotoxinas en el grano de maíz”. Se trata en definitiva de controlar al máximo la trazabilidad, que a la larga supone un ahorro económico ya que se evitan casi al 100% problemas en el proceso de alimentación del ganado. Granja San José produce 70 millones de kilos de forraje para alimentar 5.000 cabezas de ganado, que producen 40 millones de litros de leche anuales.

En el transcurso de la jornada se ha abogado también por el crecimiento de los cultivos de frutos secos (pistachos, almendras, nueces), que generalmente son cultivados con sistemas de producción intensivos por fertirrigación que suponen un importante descenso de coste por unidad de producción y que tienen un gran potencial de exportación.

La jornada “La agricultura y la ganadería intensivas son sostenibles con una buena gestión. Casos prácticos” ha sido organizada para dar respuesta a la preocupación social por el hecho de que el crecimiento de la demanda de alimentos topa con la sensibilización para preservar el medio ambiente, por lo que hay que encontrar un punto de equilibrio que permita ofrecer alimentos pero racionalizando la gestión del entorno. Esta preocupación ha sido en las últimas décadas prioritaria por los ingenieros agrónomos, que afrontan este reto con la investigación, la innovación y la tecnología.

Los asistentes a la jornada han coincidido en la necesidad de mejorar las prácticas agrarias relativas a la fertilización de cultivos. Se busca optimizar la fertilización desde el punto de vista agronómico, económico y medioambiental. De este modo, se consigue ajustar las dosis aplicadas con las necesidades de los cultivos, evitando las pérdidas que afectan al medio ambiente (suelo, agua y atmósfera).

En la jornada se han presentado diferentes casos prácticos de trabajo y de gestión de empresas agrarias para poder hacer frente a dos retos: el crecimiento de la demanda y la sostenibilidad. Han participado Joan Fortuny, representante de Operation Managing Director Borges Agricultural & Industrial Nuts; Pedro Villar, responsable de fertilización y nutrición vegetal en el laboratorio ILERSAP; Toni Vítores, director agronómico de Fruits de Ponent; Joan Esteve, director técnico de la División Agrícola del Grupo Codorniu; Victor Falguera, research manager de Akis International, y Lluís Xanxo, director de producción agrícola Granja San José SA.

 

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