La biomasa agrícola, una nueva vía de negocio para las cooperativas

La agroindustria de Lleida tiene un importante potencial para convertirse en un centro logístico de suministro de este producto

 

La industria agroalimentaria de Lleida, una de las más importantes de Europa, es uno de los objetivos del proyecto Sucellog: Programa Intelligent Energy Europe, que quiere promover e impulsar la participación de las agroindustrias y las asociaciones y las cooperativas agrarias en el suministro sostenible de biomasa sólida de alta calidad procedente de residuos agrícolas no utilizables. En el marco de la 62ª edición de la Feria Agraria de Sant Miquel y la 31ª edición de Eurofruit, la Federación de Cooperativas Agrarias de Cataluña (FCAC) ha organizado esta tarde la jornada técnica “Aprovechamiento energético de la biomasa en las cooperativas agrarias”, en la que se ha presentado el proyecto Sucellog, que hasta marzo de 2017 se desarrolla como prueba piloto en Italia, Austria, Francia, Alemania y España (en concreto, en la Cooperativa Agraria San Miguel, de Tauste, en Zaragoza).

La técnica de proyectos de las Cooperativas Agro-alimentarias de España, Susana Rivera, ha presentado los primeros resultados del proyecto Sucellog: Programa Intelligent Energy Europe y ha explicado que está dirigido a todas las regiones de la Unión Europea, aunque zonas como Cataluña –en especial las comarcas leridanas–, Aragón, Castilla y León, Extremadura y Galicia son objetivos claros para su introducción. En el caso de la demarcación de Lleida, los recursos de biomasa agrícola disponibles son paja de cereal, cañotes de maíz y girasol y poda de frutales, frutos secos, olivo y vid.

Rivera ha apuntado que el programa quiere poner al alcance de las empresas agroindustriales y las cooperativas las herramientas para aprovechar los recursos propios de biomasa como fuente de energía para las instalaciones con el fin de ser más sostenibles y, a la vez, plantear la posibilidad de diversificar la actividad principal abriendo nuevas líneas de negocio, tales como convertirse en un centro logístico de biomasa agrícola para servir también a sus mercados potenciales (pequeñas industrias, granjas, etc.).

Aunque el estudio todavía no ha finalizado y en los cinco países se están llevando a cabo pruebas de producción de pellets y de combustión, las primeras conclusiones apuntan a que la comercialización de la biomasa sólida producida con residuos agrícolas tiene varias barreras técnicas que habrá que subsanar, como que la materia prima no es apropiada para ser utilizada en la mayoría de equipos (calderas) existentes, el riesgo de contaminación por la utilización de la línea de producción o la falta de equipos de combustión adecuada.

También se han enumerado una serie de barreras legislativas y políticas como la diferente interpretación del origen de la biomasa en la legislación vigente de cada país, la preferencia de la administración por otras fuentes de energía renovables más extendidas, la competencia de la biomasa forestal (que tiene una gran presencia en el mercado) o parámetros de contaminación no regulados. Además, Susana Rivera ha apuntado a una falta de información de las cooperativas agrarias, la agroindustria y los usuarios sobre los beneficios de la biomasa y la falta de ayuda pública y los costes de inversión y mantenimiento de las calderas.